Los estragos de la intervención de Turquía en el Kurdistán iraquí

Sumidos en una pulseada sangrienta desde hace décadas, Turquía y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) se enfrentan en las montañas kurdas de Irak, que poco a poco se vacían de habitantes. El conflicto también acentúa las tensiones entre las facciones kurdas, haciendo planear el fantasma de una guerra civil en la región autónoma. Reportaje.

La base de Peshmergas en la Zini Warte
Sylvain Mercadier

En las pendientes escarpadas y los valles encajonados del Kurdistán iraquí se libra una guerra a puertas cerradas. Tras el fracaso de las negociaciones en 2015 y la reanudación de las hostilidades entre Ankara y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el ejército turco obtiene poco a poco pedazos de territorio kurdo, erige bases en las montañas y sobre todo, patrulla los aires con sus temibles drones militares, cuya función hemos podido observar en el Karabaj. El lanzamiento por parte del ejército turco, en junio de 2020, de la operación terrestre “Garra de tigre”, que hacía eco a la operación aérea “Garra de águila”, tiene como objetivo crear un cordón de seguridad en el Kurdistán iraquí a lo largo de toda su frontera y erradicar a la guerrilla del PKK.

Tierra arrasada

El impacto sobre las poblaciones locales es catastrófico. Los ataques de drones y de aviones de caza turcos causaron decenas de víctimas civiles y aterrorizaron a pueblos enteros. A lo largo de los años se han vaciado cientos de pueblos kurdos y de minoría cristiana. En la región de Bradost, donde convergen la triple frontera turca, iraní e iraquí, los sobrevivientes de los ataques aéreos aceptaron hablarnos. “Era el 29 de junio, en Mergarash. Todo el pueblo se despertó al amanecer por un ataque en nuestros vergeles, que desató un incendio que intentamos contener. Mientras volvíamos a nuestras casas, lanzaron otro ataque directamente contra nosotros. Me arrancaron la pierna. Mi hermano y mi primo también fueron heridos de gravedad. Todo el pueblo fue evacuado ese mismo día”, relata Khoshawi Mikayl Aziz, un desplazado.

Khoshawi Mikayl Aziz y su hermano Mahajer

Si bien Turquía considera a todas las víctimas de sus operaciones como objetivos “terroristas”, Khoshawi y sus allegados son categóricos: “En el pueblo no había ni siquiera un combatiente del PKK. Los guerrilleros estaban en el bosque, lejos de las viviendas”, asegura. Entonces su familia tuvo que construir a las apuradas una nueva casa en las orillas de Soran, la principal ciudad a los pies del macizo de Bradost. Para hacerlo, se endeudaron y ahora deben miles de dólares a sus acreedores. Khoshawi y su hermano ni siquiera pueden pagar una conexión a internet, necesaria sin embargo para garantizar la educación de sus hijos, ya que debido a la pandemia de la COVID-19 se han tomado medidas sanitarias de teletrabajo con los estudiantes de secundaria de la región.

El traumatismo es considerable para estas poblaciones que viven a diario con una amenaza invisible sobre sus cabezas. “Desde 2015, en el macizo de Bradost han sido evacuados unos veinte pueblos. Hay más de una decena de bases militares turcas y la misma cantidad de puestos de avanzada. Los soldados turcos tiran a diestra y siniestra sobre los habitantes y el ganado que se acercan demasiado a sus posiciones. El año pasado, cerca de la frontera, una familia de nómadas de veinte personas fue aniquilada en un ataque. Nunca los contabilizaron entre las víctimas”, nos explica Hama1, un habitante de Sidakan, el principal pueblo de la región de Bradost.

Después de un ataque aéreo turco

El recuento de las víctimas civiles de las operaciones turcas en el Kurdistán iraquí efectuado por la ONG Christian Peacemaker Team registra más de cien heridos y 97 muertos. Según la ONG, 126 pueblos han sido totalmente abandonados desde el comienzo de las operaciones en 2015, y más de quinientos son amenazados de seguir ese mismo camino. Un informe reciente del gobierno regional del Kurdistán (GRK) contabiliza por su parte más de quinientos pueblos totalmente abandonados desde el comienzo de la década de 1990 debido a los enfrentamientos entre el PKK y Turquía.

El impacto sobre el desarrollo agrícola y el medio ambiente también es trágico. Debido a los ataques turcos se incendiaron miles de hectáreas, y se han abandonado cientos de explotaciones agrícolas. “Mis colmenas y las de mi tío han sido destruidas por los bombardeos turcos, y también nuestros vergeles”, se lamenta Khoshawi. “Cada familia de Mergarash perdió en unos minutos varias decenas de miles de dólares en bienes”, comenta. El tío de Khoshawi, Suleyman Aziz, depende de su pensión de ex peshmerga (combatiente kurdo) para alquilar una habitación en Sidakan, el principal pueblo de Bradost, donde está refugiado. Pero resulta que en el GRK las pensiones y los salarios están bloqueados nuevamente debido a un litigio entre Bagdad y Erbil, capital del Kurdistán iraquí. A la inseguridad física asociada con el conflicto se agrega así la inseguridad económica para miles de civiles.

Guerra de desgaste

Turquía no siempre se equivoca de blanco y por lo general logra dar con los insurrectos kurdos. Por su parte, el PKK repartió sus combatientes en las montañas y conduce operaciones con pequeñas unidades móviles. “El PKK le ha causado muchas pérdidas al ejército turco, y al mismo tiempo perdió numerosos combatientes. Sin embargo, no consiguió impedir la implantación de bases turcas en las montañas. Los drones limitan considerablemente el desplazamiento de guerrilleros, al igual que su logística”, explica Karokh Othman, periodista y especialista del conflicto que enfrenta a Turquía y el PKK2.

Restos de una casa en el pueblo de Sarkan

Para hacer frente a la superioridad de su adversario, el PKK se apoya en la solidaridad local. Aunque el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) del clan Barzani, que controla las regiones de Erbil y Duhok, criminalizó cualquier forma de colaboración con el PKK, un sector significativo de la población es partidario de la causa de la guerrilla kurda proveniente de Turquía. Esos simpatizantes le ofrecen al PKK refugio, información y suministros, una asistencia vital que compensa su inferioridad tecnológica. Pero esa base local es un arma de doble filo porque hace que los civiles paguen un costo demasiado caro. Así que cada vez se elevan más voces contra la presencia del PKK en las zonas habitadas de la región. “El PKK es responsable de la situación. Los combatientes deberían retirarse de las zonas habitadas. Si no, los civiles seguirán huyendo a las montañas”, declara Mahajir, hermano de Khoshawi.

Por su parte, el GRK y sobre todo el PDK, gran rival del PKK por el liderazgo kurdo, critican la presencia del PKK en los territorios que consideran competen a su soberanía. Aunque la guerrilla del PKK controla numerosos macizos, el partido de los Barzani la llamó reiteradamente a evacuar sus zonas de control en el Kurdistán iraquí para permitir que los civiles retomen una vida normal. El repliegue del PKK parece sin embargo improbable, ya que su supervivencia depende en grado sumo de las montañas casi inexpugnables desde donde conduce su lucha armada contra Ankara. Para debilitar a su rival, el PDK resolvió desde hace mucho tiempo sostener a Turquía en sus operaciones, proveyendo información y protección para las instalaciones militares turcas a lo largo de la región.

Kurdos contra kurdos

En paralelo, el PDK impone un bloqueo sobre las numerosas zonas de combate entre el PKK y Turquía, oficialmente, por razones de seguridad. Es muy difícil visitar los múltiples pueblos evacuados, vigilados por drones turcos. Últimamente, las fuerzas del GRK, donde predomina el PDK, instalaron una base sobre un paso altamente estratégico cerca de Qandil, donde está situado el centro de mando del PKK, provocando tensiones que reavivaron el fantasma de una guerra abierta entre kurdos, un berakurji3, como la guerra fratricida que provocó miles de muertos en la década de 1990. El PDK también se distinguió firmando un acuerdo hecho a medida con Bagdad en relación al control de la región de Sinyar. El acuerdo favorece sobre todo los intereses de Turquía y perjudica a los aliados del PKK, porque les ordena abandonar la montaña yazadí. Fue elaborado sin la menor consulta de la población local, mientras una parte de ella todavía recuerda el hecho de que el PKK fue la única fuerza que se interpuso al avance de Estado Islámico en 2014, cuando los peshmergas se retiraban incluso antes de dar combate.

Las montañas de Qandil

La tensión aumentó estas últimas semanas cuando el PKK y peshmergas afiliados al PDK se enfrentaron directamente en la región de Chamanke, distante sin embargo de las fronteras. La importancia estratégica de la zona explica el avance del PDK, que espera cortar las líneas de suministro del PKK entre sus bases en el sur del Kurdistán y las regiones de Heftanin y Bradost, a lo largo de la frontera con Turquía. Nuevamente, el fantasma de una guerra fratricida recorre el Kurdistán.

Desde entonces, varios pueblos de la región de Chamanke permanecen apartados del mundo. “Nuestro pueblo está totalmente aislado entre las fuerzas del PKK y los peshmergas. Ahora ni siquiera podemos tomar el camino para buscar comida”, comenta, en condición de anonimato, un habitante de Bakurman contactado por teléfono. “Los peshmergas se defienden de una agresión. Nosotros no deseamos un enfrentamiento, pero si el PKK continúa con sus provocaciones, estamos listos para responder”, nos declara el alcalde de Chamanke, Aland Amir, en el centro municipal de su pueblo. Por su parte, el PKK desmiente categóricamente esas acusaciones y recuerda, a través del portavoz del KCK4, Zagros Hiwa, que el PKK defiende sus posiciones contra una acometida del PDK destinada a desestabilizar a la guerrilla y permitir un nuevo avance de las tropas turcas en la región.

“Todos mis amigos están en prisión”

La campaña de hostilidad del PDK contra el PKK es el resultado de una operación de amordazamiento de las voces disidentes por parte de las fuerzas de seguridad del PDK. El arresto de periodistas cercanos al PKK, así como la intimidación de las voces hostiles a la colaboración del partido de los Barzani con Turquía, impide cualquier debate social sobre el posicionamiento del GRK en relación a la implantación de Turquía en el Kurdistán. En Sheladize, un militante nos explica que desde el comienzo de la confrontación en Chamanke, los servicios de seguridad detuvieron a la mayoría de los habitantes de la región que militan en las redes sociales. “Tengo miedo de salir de mi casa, todos mis amigos están en prisión. Nadie puede expresarse libremente”, relata este joven, que el año pasado, luego de la muerte de seis civiles durante un ataque turco cerca de su ciudad, participó junto con otros manifestantes furiosos en el asalto de una base turca. Luego de ese episodio, el PDK reprimió a los militantes que criticaban de un modo demasiado activo la conspiración entre Turquía y el partido del clan Barzani.

Después de un ataque aéreo turco

El despliegue de guardafronteras iraquíes por parte de Bagdad, algo inédito desde la primera guerra del Golfo, no permitió ni por asomo apaciguar las tensiones. Luego de una reunión con dirigentes del PKK, Turquía no había dudado en apuntar contra comandantes del ejército iraquí. Recientemente, debido a un ataque turco, fallecieron dos nuevos guardafronteras iraquíes. “Turquía no responde por sus abusos y atropellos”, explica una representante de la ONG Human Rights Watch. “Todas nuestras exhortaciones y cabildeos siguen sin tener respuesta”, explica.

El futuro parece lúgubre para las poblaciones del Kurdistán iraquí, acorraladas entre una implacable operación turca, una guerrilla determinada a preservar su arraigo y un liderazgo kurdo autoritario. Si bien la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca deja entrever una política menos caótica de los Estados Unidos y una consideración más matizada de la cuestión kurda, el calvario será largo hasta terminar con la implantación del ejército turco en el Kurdistán iraquí. En sus discursos más nacionalistas, el presidente Erdogan no deja de recordar que la antigua provincia de Mosul, que integra el Kurdistán iraquí, debería haber sido integrada al Estado turco. Eso permite comprender por qué Turquía invierte tanto en sus operaciones militares en lugar de ocuparse del problema del reconocimiento de los derechos cívicos y culturales de su propia comunidad kurda.

1El nombre ha sido modificado a pedido suyo.

2Una analista que trabaja para una ONG local en el Kurdistán iraquí nos informó que el PKK sufre muchas más bajas que las que declara. “En una ocasión, por ejemplo, en un ataque contra un edificio, han muerto más de unos cincuenta combatientes por un misil turco, sin que la información circule en los medios de comunicación ni sea anunciada por el PKK”, nos informó en condición de anonimato. Yo mismo he podido constatar la destrucción de una vivienda en el pueblo de Sarkan, cerca de Qandil, donde murieron varios combatientes con miembros de sus familias, durante una reunión excepcional en marzo de 2018. La información nunca fue transmitida por los medios de comunicación.

3Palabra kurda que significa “matar a su hermano” y con una connotación particularmente peyorativa ligada a la calamidad histórica de la desunión.

4El KCK (Koma Civakên Kurdistan) es la Unión de las Comunidades Kurdas, una organización que reúne a varios partidos políticos revolucionarios kurdos, entre ellos el PKK.