Gaza. Hamás, en la encrucijada

A pesar de contar con diversas corrientes, Hamás logró transitar casi cuatro decenios sin conocer divisiones en sus filas. Pero la destrucción de Gaza tras el 7 de octubre y las importantes bajas que sufrió el movimiento cambiaron la situación, tanto entre la corriente religiosa y militar, como entre la facción con base en Gaza y las de los dirigentes del exterior.

Un homme assis devant une télévision, qui affiche une conférence de presse avec plusieurs intervenants. La pièce est décorée d'une plante à côté de la télévision et d'un motif artistique sur le mur derrière.
Teherán, 31 de julio de 2024. Un hombre mira el informativo por televisión luego de la muerte del jefe del Buró Político de Hamás, Ismail Haniya, durante un ataque aéreo israelí en su residencia, en la capital iraní.
FATEMEH BAHRAMI/ANADOLU/ Anadolu via AFP

El constante cambio de la situación en la escena palestina vuelve particularmente difícil cualquier análisis de la actualidad y de las perspectivas a futuro. Esta apreciación también predomina en Hamás, que hoy se debate entre dos aspiraciones: el regreso de los Hermanos Musulmanes y del proyecto turco en la región, en vista del giro en la situación en Siria; o la continuación –no sin dificultades– del proyecto del “eje de la resistencia”, al que el movimiento se asoció nuevamente tras un período de distanciamiento de Iráni. Si el eje se derrumba por completo, Hamás perderá su capacidad para continuar con la lucha armada… si todavía no prevé abandonar esa opción.

Este conflicto interno recuerda el debate entre la rama palestina de los Hermanos Musulmanes y Fathi Chikaki, fundador de la Yihad Islámica Palestina a comienzos de los años 1980. Hamás, que le temía a la competencia de Chikaki, optó por la lucha armada desde su creación en 1987 y así se convirtió en la última facción palestina que tomó las armas frente a Israel. En menos de un cuarto de siglo, pasó a ser la organización más poderosa que enfrentó a Israel, y hasta efectuó una operación sin precedentes en la historia del conflicto israelí-palestino, o incluso israelí-árabe.

Dos corrientes internas en competencia

La opción de abandonar la lucha armada plantea varios obstáculos, y la experiencia de Fatah no es menor, ya que se debilitó considerablemente al elegir esa opción. Fatah es el principal integrante de la Autoridad Palestina (AP), que se transformó en una especie de agente de seguridad de Israel y de Estados Unidos, incluso de agente militar en la actualidad, como lo demuestra la doble operación llevada a cabo desde el 5 de diciembre de 2024 contra los diferentes grupos de resistencia en el norte de Cisjordania ocupada.

La corriente de Yahya Sinwar – el cerebro de la operación del 7 de octubre dentro de Hamás –, presente fundamentalmente en la Franja de Gaza, también representa un obstáculo a la idea de abandonar las armas. Sus ideólogos y sus partidarios integran los numerosos engranajes que controlan las actividades de Hamás en los territorios palestinos, en el exterior y en las prisiones. Sin embargo, están menos presentes en Cisjordania, donde los miembros de la organización tienden a seguir la corriente de Jaled Meshal, jefe del Buró Político entre 1996 y 2017.

Para comprender a Hamás, es necesario salir del relato clásico que opone la corriente turco-catarí con la corriente Irán-Hezbolá, porque la realidad interna es mucho más compleja. Y el 7 de octubre, así como la guerra destructora librada por Israel en Gaza, solo agregaron mayor complejidad a la situación, tras los importantes cambios acaecidos dentro del movimiento luego de 2017.

Uno de los cambios esenciales tuvo lugar tras el conflicto entre la corriente de predicación (da’wa), cuyos partidarios hoy son designados dentro del movimiento como “pragmáticos”, y la corriente militar, que sus adherentes denominan “corriente radical”. Durante las elecciones internas de 2021, las antiguas figuras de la da’wa compitieron cabeza a cabeza con Yahya Sinwar, que obtuvo la victoria no sin grandes dificultades. Los partidarios de la da’wa realizan principalmente un trabajo institucional. Siguiendo el ejemplo de los Hermanos Musulmanes, ponen énfasis en el estudio teológico y la educación religiosa. La corriente militar, por su parte, puede describirse como una versión palestina y actualizada de los Hermanos Musulmanes. Impregnada de la literatura de izquierda palestina y de la del “eje de la resistencia”, su combate se centra en la liberación de Palestina.

Si bien el ala militar terminó venciendo en los últimos años, la destrucción de Gaza tras el 7 de octubre y las importantes bajas dentro de la estructura de Hamás volvieron a poner todo en cuestión. La corriente de la da’wa solicitó que se realice un balance de la experiencia del movimiento hasta el presente y que para el futuro próximo se contemple la apertura de vías de supervivencia. Pero las ideas comunicadas por el presidente estadounidense Donald Trump no les dejan ningún margen de maniobra. Un chiste que circula entre algunos dirigentes de Hamás dice que, aunque Jaled Meshal, Mousa Abu Marzouk (número 2 de Hamás y jefe de la Oficina de Relaciones Internacionales) e Izzat al-Rishq (jefe de la Oficina de Relaciones Árabes e Islámicas de Hamás) hicieran la peregrinación a la Casa Blanca y dieran 700 vueltas a su alrededorii, Washington no les daría ningún lugar en las soluciones políticas, menos aún desde que a Hamás lo tildan de “socio de Estado Islámico” y de “nazi”. Se trata de una broma, desde luego, pero dice mucho sobre la realidad.

El peso geográfico

El otro cambio esencial que experimentó Hamás tras 2017 es el relativo al origen geográfico y regional de su mando. Para los palestinos, el origen es determinante para la elección de los socios de vida o de negocios, y hasta para la dirección política. La importancia del origen no es específica de Hamás, sino de todas las facciones palestinas. En los últimos años, se intensificó el conflicto interno en torno a la transferencia del poder de manos de dirigentes originarios de Cisjordania o de la diáspora hacia los de Gaza, luego de que Ismail Haniya se convirtiera en el jefe del Buró Político de Hamás y Yahya Sinwar, en jefe del movimiento en Gaza.

Pero según fuentes internas de Hamás radicadas en Gaza, Yahya Sinwar se empeñó, durante los tres últimos años previos al 7 de octubre, en hacer salir de la Franja a gran cantidad de dirigentes del movimiento, para quebrar el monopolio de los antiguos dirigentes en la toma de decisiones. Esos gazatíes representan aún hoy un bloque paralelo que impide que Hamás ceda a la voluntad de algunos socios árabes. A la cabeza de ese grupo figura el dirigente Khalil al-Hayya, designado en el último comunicado del movimiento como “el jefe de Hamás en Gaza”, luego de haber sido encargado de negocios y colaborador del líder de Gaza. Estos dirigentes gazatíes también están presentes en sectores estratégicos como la seguridad, la informática y las finanzas.

En los últimos años, las discusiones en el entorno de Sinwar giraron en torno a la toma de decisión central, que debería provenir desde la oficina de Gaza, en vista de su peso numérico y de que paga el mayor tributo en términos de combates. Podría argumentarse entonces que Mousa Abu Marzouk, si bien es gazatí, es partidario de Jaled Meshal y no forma parte de la corriente de Sinwar. Es cierto, salvo que Abu Marzouk abandonó Gaza hace decenios. Pero, al observar de cerca las nominaciones y los cambios de portavoces y de representantes de Hamás en el exterior desde 2017, la cuestión del origen geográfico y regional de unos y de otros resulta evidente: se puede constatar que, dentro de los comités de trabajo exteriores, ha habido una importante cantidad de dirigentes gazatíes que remplazaron a los originarios de Cisjordania y de la diáspora.

En 2004, cuando Israel asesinó al jeque Áhmed Yasín, y luego a Ábdel Aziz ar-Rantisi, se tomó la decisión de desplazar el Buró Político al extranjero para proteger a sus dirigentes. Desde entonces, y hasta la elección de Haniya y de Sinwar a la cabeza del Buró Político (2021), la toma decisiones y el financiamiento quedaron en manos de Meshal, hasta el advenimiento de la revolución siria, apoyada por Hamás. Ese posicionamiento complicó las relaciones de Hamás con el “eje de la resistencia” y forzó a Meshal a abandonar Damasco.

¿Quién toma las decisiones hoy?

Según fuentes de Hamás radicadas en el exterior, el movimiento está dirigido hoy en día por un comité de cinco miembros, que son el presidente de Consejo Consultivo de Hamás, Mohammed Doris Ismael, también presidente del comité; Khalil al-Hayya, de la oficina de Gaza, que era colaborador de Yahya Sinwar; Zaher Jabarin, de la oficina de Cisjordania y excolaborador de Saleh al-Arouriiii; Khaled Meshal, de la oficina en el extranjero y vicepresidente de Hamás; y por último, Mousa Abu Marzouk, responsable de relaciones internacionales. Esta nueva composición resulta sin embargo muy frágil debido a las divergencias de sus miembros: el presidente del Consejo, Mohammed Darwish Ismael, se mantiene a equidistancia de Irán y de Turquía; Abu Marzouk se alinea con la corriente turco-catarí representada por Meshal, de quien se convirtió en su mano derecha en Turquía. Respecto de Al-Hayya y Jabarin, representan la antigua corriente Sinwar-Arouri.

Por el momento, Hamás se concentra más en la cuestión de los prisioneros y en la idea de una salida de la guerra. Aplaza las cuestiones ligadas al mando, tanto a nivel interno palestino (bajo el control de Husam Badran), a nivel árabe (bajo la dirección de Osama Hamdan) o al nivel de las relaciones internacionales, con Mousa Abu Marzouk.

Es muy probable que en el período de posguerra aumente la polarización entre las dos líneas. La primera es la del “eje de la resistencia”, que representaba Sinwar, en coincidencia con las expectativas del consejo militar y la visión del Buró Político. Esta línea se extiende a todos los países del “eje de la resistencia”, así como a todos aquellos que pueden suministrar armas a Hamás.

La segunda línea es la corriente turco-catarí, representada por Meshal y Abu Marzouk, que se alinea con la del Cuarteto de Oriente Medioiv. Siguiendo los tres principios marco planteados por el Cuarteto –rechazo del uso de la violencia, reconocimiento del Estado de Israel y aceptación de los acuerdos previos– para culminar en la creación de un Estado palestino con base en las fronteras de 1967, Hamás logrará su integración al sistema planteado tanto por la Liga Árabe como por Estados Unidos. Pero Meshal y su corriente admiten que aún ignoran las consecuencias de los cambios regionales e internacionales que implican la presidencia de Trump y la toma del poder de Ahmed al-Charaa en Siria.

¿Qué papel para Turquía?

Los turcos también bregan por institucionalizar el movimiento y naturalizar u otorgar permisos de residencia a sus dirigentes no militares. Ankara también intenta convencer a Hamás de la necesidad de esta etapa para la creación de un Estado palestino, o al menos, para que el movimiento no desaparezca. Para hacerlo, pretenden integrarlo de tal forma que quede bajo su control, para luego explotarlo como medio de presión en diversos asuntos regionales. Algunos dirigentes de Hamás incluso esperan que Irán acepte esta iniciativa, porque Teherán desea reducir las presiones que padece y al mismo tiempo garantizar la supervivencia del movimiento. Sin embargo, una parte importante del movimiento permanece escéptica respecto del programa turco y podría volcarse hacia Teherán, particularmente aquellos que creen que la cuestión palestina no puede ser resuelta políticamente y que la solución reside en el mantenimiento de la resistencia.

¿Pero qué pasaría si hubiera un cambio de régimen en Turquía? ¿Y qué podría obtener Ankara para los palestinos? ¿Un Estado? ¿Y qué forma cobraría? La guerra en Gaza es un ejemplo perfecto de los límites del margen de maniobra real de los turcos: no lograron terminar con la guerra ni obtener un acuerdo de tregua. Peor aún, Ankara no suspendió por completo los canales comerciales y las líneas de suministro marítimo con Israel, debido a la presencia en su territorio de varias empresas privadas israelíes especializadas en la producción y la extracción de agua y en el transporte de alimentos y de gas. Y también existe una cooperación turca con empresas internacionales de explotación minera y de gas, cuyos propietarios tienen socios israelíes.

En realidad, gran parte de Hamás del interior de Gaza, particularmente aquellos que desconfían de los turcos, se niegan a adoptar un nuevo programa político y a abandonar las armas. Para ellos, eso va contra la razón de ser de la organización en su carácter de movimiento de resistencia. Los partidarios de esta corriente consideran que la supervivencia de Hamás depende de las armas, y que no hay que contar demasiado con lo que ofrezcan los países del Golfo o incluso Estados Unidos. Desde luego, hay cierto resentimiento con “el eje de la resistencia”, pero estos partidarios no ven ningún futuro para la resistencia palestina sin los Estados que la apoyan militarmente.

Sin embargo, con la muerte de Sinwar, esas voces empiezan a acallarse, para dar lugar a una voluntad de preservar lo que resta del movimiento y de su base popular. La otra parte de esta corriente contempla volcarse hacia Irán y Yemen para fortalecer sus posiciones, mientras mantiene una presencia de Hamás en Turquía y en Catar, bajo un paraguas político. Esta estrategia apunta también a continuar las actividades en “terrenos prometedores” como Indonesia y Malasia.

Globalmente, Hamás considera que se encuentra en una fase extremadamente difícil que podría empujarlo a aceptar enormes concesiones que no desea otorgarle a Fatah, en un momento en que algunos círculos plantean la cuestión de la integración del arsenal de Hamás dentro del aparato de seguridad de la AP. Sin embargo, Hamás podría verse obligado a hacer algunas concesiones en función del cambio de los acontecimientos y de lo que Trump podría hacer o imponer a los países árabes, incluidos aquellos que normalizaron sus relaciones con Israel o que están a punto de hacerlo.

Las chances de supervivencia

Entretanto, nadie se desvive por la presidencia del Buró Político. Tras el asesinato de Haniya, circulaban rumores que daban a Meshal como favorito, pero el puesto finalmente quedó en manos de Sinwar. Y después del asesinato de este, ya nadie en Hamás habla de la presidencia. Según una fuente del interior de la organización:

Todos saben que, más que la silla de la presidencia, es una silla de ejecución. El asesinato puede ocurrir en cualquier momento. Las tensiones internas también impiden la nominación de un presidente, porque la apertura de esa vacante podría dividir al movimiento en dos partes o más.

Lo que nos lleva a plantear un verdadero cuestionamiento: ¿cómo pudo Hamás ser el único organismo palestino que no sufrió escisiones a lo largo de su historia, al contrario de todas las otras organizaciones, sean laicas, de izquierda o incluso islamistas? Algunas figuras abandonaron el movimiento para refugiarse en otras organizaciones, otras permanecieron inactivas; pero ninguna formó otro movimiento.

Respuesta: debido a las elecciones, que, por cierto, caen este año, y que probablemente no podrán celebrarse debido a la situación en Gaza y en Cisjordania. El escrutinio a dos vueltas que tiene lugar cada cuatro años siempre fue el mejor recurso para apaciguar las tensiones internas dentro de la organización y prevenir la disidencia. También permite que cada una de las corrientes haga gala de su fuerza y de la precisión de su lectura política. Por esa razón todos intentan evitar cualquier conflicto en torno a la presidencia del Buró antes de la fecha prevista de las elecciones, para que los votos y, luego, los padrinazgos sean los elementos decisivos.

Un dirigente de Hamás comenta:

El “eje de la resistencia” atraviesa su período más difícil. Hay mucho descontento respecto de la gestión de la guerra contra Israel. Pero esa opción sigue siendo menos arriesgada que la de reorientarse por completo hacia otro camino, el de la transigencia. Turquía actuará en función de sus intereses bajo protección estadounidense-israelí… Lo que más tememos es la guerra interna dentro de Hamás y el conflicto entre sus dos corrientes.

Y concluye:

Hay que dar libertad a la acción política y a los espacios en los que se desenvuelven Meshal, los turcos y otros, pero sin tocar una sola bala de nuestro arsenal, porque eso significaría la muerte de todos nosotros.